Un dolor perfecto
«Cuidado, a ver si te pillo el violonchelo con las puertas», me previno el conductor del autobús al entrar
Había olvidado el cansancio de los brazos, sobre todo el izquierdo. Tampoco recordaba el escozor en las yemas de los dedos, su plasmación primero en ampollas, con el tiempo en callos ásperos y protectores. Los callos: uno en cada extremo del índice al meñique de la mano izquierda, el quinto en el lateral externo del pulgar, ensartando las falanges. Pens…


