Que Bach me perdone
Llegué al quinto pentagrama antes de quedarme en blanco
Para la última audición de violonchelo antes de entrar en el conservatorio, mi profesor se empeñó en que tocara de memoria por primera vez.
—Pero tú sacas la partitura y dejas el atril a un ladito, aunque no la mires, que eso queda muy elegante —me dijo.
Yo no veía la elegancia por ninguna parte —sigo sin verla—, pero era mi profesor y le hice caso.
Aunque…


